
Son muchos los factores que cada día nos conducen a un escenario mucho más difícil. Hay serios problemas en el país que el gobierno de Rodrigo Paz Pereira no logra, siquiera por atisbo, encarar con responsabilidad y seriedad.
Alarma la situación que atraviesa el país y cada uno de los hogares bolivianos. El presidente nos toma el pelo con discursos llamativos que llenan de sueño a su círculo familiar y de funcionarios públicos, pero que termina por desilusionar a miles de ciudadanos de piel y hueso.
Y no es que sea negativo, pero a la luz de los hechos, se evidencia que la situación va a empeorar en los siguientes días y semanas, todo por la mentalidad de burócratas que están en función de gobierno, quienes creen tener la certeza que lo que escriben en sus escritorios es lo que se vive en el territorio de los 343 municipios del país.
La crisis que ya es pluridimensional, no admite pedidos de disculpas ni perdón, por cuanto los desaciertos son en todas las áreas del nivel central. Paz Pereira quiere hacernos creer que la inflación en diez meses de su gobierno ha bajado al 4,21% o que los centavitos que sube o baja en el precio del dólar no afecta a la economía. A eso se suma la falta de financiamiento, el exceso del gasto público y la fragmentación en los que conforman los Órganos Legislativo y Ejecutivo, que Paz Pereira y sus ministros no saben manejar, y para rematar, el gobierno no ha podido exponer las “famosas” diez leyes estructurales que Paz Pereira había señalado a principios de mayo de este año.
El publicitado proyecto de Ley de Inversiones no solo que tiene problemas de fondo, sino que, desde mi percepción, no es más importante que los proyectos de leyes de Hidrocarburos o de Minería que deberían tener prioridad, pero que no son remitidos a la Asamblea Legislativa Plurinacional para su consideración, para lo que, necesariamente, debe quitarse el candado de seguridad constitucional.
A todo eso se suma, la inoperancia cuando no inutilidad del ex Canciller, hoy ministro de la Presidencia y de otros funcionarios, así como del reciente caso del presunto atentado contra una ciudadana, cuya sospecha apunta al apelado asesor presidencial Fernando Cerimedo, aunque el gobierno, a través de su vocero y de un par de ministros, se esfuerza por desmentir que haya sido asesor presidencial, pero que los hechos reales y declaraciones de ex ministros de Paz dicen lo contrario.
El panorama de hoy es obscuro y tengo la seguridad que el presidente Rodrigo Paz Pereira no sabe por donde ir, y si supiera, no sabe cómo hacerlo, ni cómo enfrentar el reto de gobernar con seriedad, por eso las grandísimas contradicciones, desaciertos y errores gubernamentales.
Queda claro que Rodrigo Paz Pereira, al margen de haber puesto en evidencia que no tiene valores democráticos por su inacción durante los 53 días de conflicto que bloqueo al ciudadano boliviano, su discurso de la patria no “cuadra”, porque el país es mucho más que la emoción del presidente, y los que habitamos este territorio, no estamos dispuestos a seguir soportando aventuras políticas en la presidencia y en el gobierno que circunstancialmente administra el Estado, por lo que Paz Pereira debería marcharse convocando a elecciones generales anticipadas en los plazos que manda la Constitución, porque Bolivia está en serio riesgo de convertirse en una pequeña Haití, con saqueos y vandalismo por todo lado, además de la criminalidad que ya campea en algunas ciudades capitales e intermedias, y con mayor regularidad en el trópico cochabambino.
Espero que Rodrigo Paz Pereira, aunque sea por ésta única vez en su vida, sienta que es boliviano de sepa y que ama a su país más que al discurso vacío de patria.
