EL GOBIERNO APUESTA POR MÁS DÓLARES PARA ESTABILIZAR LA ECONOMÍA

31 de julio.- El ingreso de divisas del FMI y otros organismos busca fortalecer las reservas internacionales y estabilizar el nuevo régimen cambiario. Economistas coinciden en que la confianza será decisiva, pero discrepan sobre la profundidad de las soluciones.

Cada visita al mercado deja la misma sensación: el dinero alcanza para menos. Los precios cambian con rapidez, el dólar ocupa buena parte de las conversaciones y muchas familias buscan proteger sus ahorros. Detrás de esa realidad cotidiana hay una discusión económica que parece lejana, pero que termina influyendo directamente en el bolsillo de los bolivianos: el valor de la moneda nacional.

Para el economista Óscar Mario Tomianovic, el punto de partida está en las reservas internacionales. Explica que el boliviano conserva su valor en la medida en que el Banco Central cuente con activos sólidos —principalmente dólares y oro— que respalden la moneda. Cuando ese respaldo se debilita y el déficit fiscal obliga a financiar el gasto con más deuda o emisión, la confianza comienza a deteriorarse. “No es que el dólar se vuelva más caro; es el boliviano el que vale menos”, resume.

Ese razonamiento ayuda a entender por qué el Gobierno ha concentrado buena parte de su estrategia en conseguir financiamiento externo. La lógica es sencilla: si ingresan más dólares, aumentan las reservas internacionales; si las reservas crecen, el Banco Central dispone de mayor capacidad para contener episodios de volatilidad y transmitir confianza al mercado.

El cambio de régimen cambiario, vigente desde el 29 de junio, forma parte de esa estrategia. Después de más de tres décadas de un tipo de cambio fijo, Bolivia adoptó un esquema de flotación administrada. En ese primer mes, la cotización oficial pasó de Bs 9,37 hasta haber llegado a cotizarse en Bs 12,15 una evolución que llevó al Banco Central a anunciar un nuevo reglamento para intervenir cuando detecte movimientos excesivos del mercado.

El presidente del ente emisor, David Espinoza, reconoce que el escenario cambió por completo. “El 6,96 no existía”, afirmó al referirse al antiguo tipo de cambio oficial, y dejó claro que el objetivo ya no es fijar un precio único para la divisa. “No estamos diciendo que vamos a estabilizar el tipo de cambio, sino evitar sobrerreacciones”, explicó al presentar el mecanismo que permitirá comprar o vender dólares cuando el mercado muestre oscilaciones que puedan afectar la actividad económica.

La apuesta oficial va más allá de la intervención diaria. El Gobierno confía en que la llegada de recursos del Fondo Monetario Internacional y de otros organismos multilaterales fortalezca las reservas y reduzca gradualmente la presión sobre el mercado cambiario.

El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, sostiene que el país atraviesa una etapa excepcional. “Estamos en un escenario en el que estamos cambiando un régimen que duró 40 años”, afirmó.

Según el ministro, el retraso de las exportaciones durante los 56 días de bloqueos y la posterior normalización del comercio exterior explican parte de la presión reciente sobre el dólar. A ello se sumaría un paquete de financiamiento superior a los 5.000 millones de dólares, que, en sus palabras, reforzará “la billetera del Banco Central”. Con ese respaldo, proyecta que la cotización tenderá a estabilizarse en un rango cercano a Bs 9,70 y Bs 10,20 y que “en las próximas horas, días vamos a empezar a ver una estabilización del precio y luego una normalización hacia la baja”.

Tomianovic comparte la idea de que una mayor disponibilidad de divisas puede devolver tranquilidad al mercado, pero advierte que ese efecto difícilmente será permanente si no se corrige el origen del problema. A su juicio, el crédito del FMI “puede fungir como bache, pero no como una solución estructural”. Mientras el Estado continúe registrando déficits elevados y dependa del endeudamiento para financiar gastos corrientes, sostiene, las presiones sobre la moneda volverán a aparecer.

La discusión, sin embargo, no termina en los mercados financieros. Fernando Romero recuerda que las decisiones económicas también dependen de un factor difícil de cuantificar: la confianza. Cuando las familias perciben que el dinero pierde valor, cambian sus hábitos de consumo, adelantan compras o buscan refugio en el dólar. “La gente se mueve por impresiones, sensaciones y hasta emociones”, resume el analista.

Esa percepción puede convertirse en un motor tan poderoso como cualquier indicador macroeconómico. El éxito del nuevo régimen cambiario dependerá de la llegada de dólares, de la capacidad del Banco Central para administrar la flotación y de las decisiones fiscales que adopte el Gobierno. Pero también de que los bolivianos vuelvan a creer que el dinero que llevan en el bolsillo conservará su valor mañana.

Fuente: El Deber

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