
16 de julio.- Bolivia se enfrenta a un escenario cada vez más complejo en el sector de los hidrocarburos. Mientras la producción de gas natural cayó en 55% en los últimos once años, el Estado continúa subvencionando el 79% del precio del gas que consumen las termoeléctricas y las industrias.
El país mantiene algunos de los combustibles más baratos de Sudamérica gracias a un subsidio que depende de crecientes importaciones y de la disponibilidad de divisas. Si el escenario se hace crítico y Bolivia llega a importaer gas natural, los precios para el consumo interno se multiplicarían.
Los datos fueron expuestos en un análisis de la Fundación Jubileo, que advierte que el modelo energético boliviano se encuentra ante desafíos estructurales derivados de la disminución de la producción, el agotamiento de los principales campos gasíferos y la necesidad de atraer nuevas inversiones para evitar un mayor deterioro del sector.
Según el estudio, el precio de referencia del gas natural para el mercado interno debería ser de 6,05 dólares por millón de unidades térmicas británicas (MMBTU), equivalente al Precio de Paridad de Exportación (PPE). Sin embargo, las termoeléctricas e industrias pagan apenas 1,3 dólares por MMBTU.
La diferencia, 4,8 dólares por MMBTU, representa una subvención estatal equivalente al 79% del precio de referencia. En otras palabras, los consumidores industriales cubren únicamente el 21% del valor económico del gas, mientras el resto es asumido por el Estado.
Jubileo sostiene que mientras Bolivia continúe exportando gas, el PPE debería servir como referencia para valorar el recurso, ya que refleja el ingreso que el país dejaría de percibir al destinar ese volumen al mercado interno.
Las consecuencias de importar gas
El análisis advierte que el escenario cambiaría radicalmente si Bolivia deja de ser exportador y necesita importar gas natural para abastecer su demanda.
En ese caso, el país tendría que competir con mercados como Chile, Brasil e India para adquirir gas argentino o gas natural licuado (GNL), pagando precios internacionales considerablemente superiores a los actuales.
Como ejemplo, el informe cita el mercado internacional durante la semana del 6 al 10 de julio de 2026. Los futuros de GNL para Asia alcanzaron 16 dólares por MMBTU, el mercado del noroeste europeo registró 14,43 dólares, mientras que el mercado spot llegó a 18 dólares por MMBTU, valores muy por encima del precio vigente en Bolivia.
La caída de la producción nacional
El deterioro de la oferta interna explica buena parte de las preocupaciones sobre la sostenibilidad del modelo.
Los datos muestran que Bolivia pasó de producir 60,3 millones de metros cúbicos por día (MMmcd) en 2015 a 26,6 MMmcd hasta mayo de 2026, una reducción cercana al 55%.
La disminución responde principalmente al agotamiento natural de los grandes campos que durante dos décadas sostuvieron la industria gasífera boliviana, entre ellos San Alberto, Sábalo, Margarita-Huacaya e Incahuasi-Aquío.
Aunque en los últimos años ingresaron algunos nuevos campos a producción, su aporte resulta insuficiente para compensar el declive de los megayacimientos, por lo que la tendencia descendente continúa prácticamente sin interrupciones.
Cada millón de metros cúbicos que deja de producirse representa menores exportaciones, una reducción en las regalías departamentales, menores ingresos por el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y menos divisas para la economía nacional.
A ello se suma una creciente dependencia de la importación de diésel y gasolina para abastecer el mercado interno, situación que incrementa el costo de los subsidios y presiona las reservas internacionales.
Precios baratos en Bolivia
Pese a ese escenario, Bolivia continúa ofreciendo combustibles muy por debajo de los precios internacionales gracias al subsidio estatal.
En diésel, el litro cuesta aproximadamente 0,92 dólares, similar al precio de Colombia y muy inferior al registrado en Perú (1,65 dólares), Argentina y México (1,55), Chile (1,35) y Brasil (1,30). Solo Ecuador y Venezuela presentan precios más bajos.
En gasolina, Bolivia vende el litro a 0,65 dólares, menos de la mitad del precio observado en países como Uruguay (2,20 dólares), Costa Rica (1,66), México (1,62) y Chile (1,59). Únicamente Venezuela mantiene un precio inferior.
Esta diferencia convierte al combustible boliviano en un producto atractivo para el contrabando hacia países vecinos, donde el litro puede costar entre dos y tres veces más.
CINCO MEDIDAS PARA ENFRENTAR LA CRISIS
Frente a este panorama, especialistas consideran que mantener el actual modelo resulta cada vez más difícil sin reformas estructurales.
Entre las principales propuestas planteadas se encuentran garantizar la disponibilidad de dólares para continuar importando combustibles en el corto plazo; ajustar gradualmente el precio interno del gas natural para evitar problemas futuros de abastecimiento; fortalecer sistemas de transporte público masivo para reducir el consumo de combustibles; aprobar una nueva Ley de Hidrocarburos mediante un proceso ampliamente informado y debatido; y generar condiciones de seguridad jurídica que permitan atraer inversiones de largo plazo para la exploración y el desarrollo de nuevos campos.
El analista en hidrocarburos de la Fundación Jubileo, Raúl Velásquez, advierte que, sin nuevas inversiones capaces de transformar proyectos exploratorios en producción comercial, Bolivia continuará dependiendo de reservas descubiertas hace décadas, mientras la producción sigue disminuyendo y la presión sobre las finanzas públicas aumenta.
Fuente: Urgente.bo
