
La Paz, 30 de Abril de 2026.- El informe concluye que el “factor operacional influyó” de manera determinante en el siniestro, en combinación con condiciones externas adversas, consolidando una cadena de fallas que terminó en la pérdida total de la aeronave.
El informe final de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) sobre el accidente del avión Hércules C-130H, que tuvo lugar en marzo en El Alto, concluye que una combinación de factores operacionales y condiciones externas derivó en la pérdida de control de la aeronave, que dejó 23 fallecidos y 37 heridos.
De acuerdo con el documento presentado este 30 de abril, la tripulación del vuelo —identificado con matrícula FAB-81— contaba con experiencia operativa y conocimiento específico del modelo; sin embargo, “factores exógenos (externos)” y una cadena de eventos llevaron a una “pérdida de la conciencia situacional”, elemento clave en el desenlace del siniestro.
El reporte detalla que, ante las condiciones meteorológicas adversas, la tripulación decidió ingresar por el umbral 28 de la pista, debido al mal tiempo en el umbral 10. Esta decisión derivó en una serie de dificultades durante la maniobra de aterrizaje.
Entre los principales factores identificados por la Junta de Investigación de Accidentes Aéreos (JIAA), se encuentran el exceso de velocidad, la desviación vertical en la senda de planeo y una inadecuada secuencia de configuración de la aeronave. A ello se sumaron el efecto sobre el suelo, condiciones climáticas adversas —marcadas por una intensa granizada— y una pista contaminada, que redujo la capacidad de frenado.
El informe también señala la existencia de “correcciones operacionales inadecuadas” y un inclinación negativa en la pista entre los umbrales 28 y 10, lo que agravó la maniobra de aterrizaje en un escenario ya comprometido.
Pese a estas condiciones, la FAB destacó que la tripulación ejecutó correctamente el procedimiento de evacuación de emergencia en tierra, cortando de forma mecánica y eléctrica el suministro de combustible y fluidos, lo que evitó una explosión mayor. El documento confirma que en el motor número dos se registró fuego y un derrame mínimo del combustible en la zona del impacto.
El accidente ocurrió a las 18:14 del viernes 27 de febrero, cuando la aeronave, que transportaba material monetario sin valor legal desde Santa Cruz, intentó aterrizar en el aeropuerto internacional de El Alto. La pista, cubierta de hielo por una fuerte granizada, impidió el frenado adecuado del avión, que se salió del perímetro aeroportuario, recorrió cerca de un kilómetro y embistió a varios vehículos en plena hora pico.
La magnitud del impacto provocó una de las peores tragedias recientes en el país, no solo por la cantidad de víctimas, sino también por el caos posterior, marcado por el saqueo a la carga de billetes, violencia y la contaminación de la escena del accidente, lo que dificultó las tareas periciales.
El informe concluye que el “factor operacional influyó” de manera determinante en el siniestro, en combinación con condiciones externas adversas, consolidando una cadena de fallas que terminó en la pérdida total de la aeronave.
La investigación fue llevada adelante por la JIAA, conformada por especialistas en operaciones, mantenimiento, meteorología, factores humanos y psicología, quienes analizaron durante semanas los elementos técnicos y el contexto del accidente para establecer sus causas.
Fuente: El Deber
