POR QUÉ LOS LÍDERES SIGUEN SIENDO IMPORTANTES MÁS ALLÁ DEL DESEMPEÑO

Cuando el gobierno, el país, el sistema democrático y los actores políticos están atravesando serios problemas, sea de gobernanza, sea de estabilidad, o de representación o de credibilidad, el daño a la democracia se hace evidente, en especial si el gobierno y el presidente no ha logrado cumplir sus promesas, lo que en definitiva causa malestar en la población. En la certeza de que el mal desempeño económico se correlaciona con la insatisfacción ciudadana por lo que está viviendo, no resulta muy difícil explicar que dicha erosión democrática tiene mucho que ver con un liderazgo fallido o por lo menos con una falta de capacidad de respuesta a los males que nos aquejan. Lamentarse permanentemente no debería ser parte del libreto gubernamental. Además, este liderazgo que impulsó el cambio y una nueva forma de administrar el país, fue elegido prometiendo reformar, no desmantelar la democracia. Centrarse en los métodos y motivaciones del jefe de Estado sobre la incapacidad para implementar mecanismos de control, adentro y fuera del gobierno, sigue siendo fundamental para explicar los peligros que nos lleva hacia un retroceso democrático.

Analizar el retroceso actual, así como la estabilidad, para determinar si el desempeño del gobierno tiene un efecto positivo y real en la vida de los bolivianos, tiene, por supuesto, origen en el desempeño económico, y lo peor de todo, con explicaciones que han dejado de ser creíbles. La tesis de que este gobierno ha fracasado es cada vez mayor. El pobre desempeño sobre economía y cómo fallamos al enfrentar los problemas se hace más evidente, a ello se han sumado otras áreas en las que también tenemos graves problemas que no son nada menores, especialmente en lo referido a las denuncias de corrupción al interior del propio gobierno. Callar no ayuda en nada. Lo cierto es que estamos experimentando una grave crisis democrática y lo que muchos observadores temen es que sea un proceso de retroceso democrático naciente. Hay muchas vías de investigación que confirman que las raíces de los problemas, económicos, sociales y democráticos en Bolivia, no solamente son atribuibles al desempeño económico como único factor y causa principal de los problemas.

Presentar un argumento con abundantes datos para demostrar que el mal desempeño económico erosiona el apoyo y la confianza de los ciudadanos en el gobierno y la democracia, es por demás recurrente. Estudios señalan que algunas democracias con un desempeño económico deficiente son las que menos confían en sus gobiernos. De hecho, establecer un vínculo entre el bajo apoyo ciudadano a la democracia y al sistema político se manifiesta cuando una mala gestión económica conduce a grandes crisis, se pierde la fe en los gobernantes y en el sistema político en su conjunto. Sin embargo, hay que tener cautela ante la excesiva información que circula, la dependencia en las redes sociales altera la opinión pública y distorsiona cuantificar las percepciones y la satisfacción ciudadana.

Los votantes que eligieron a este gobierno no fue para que posteriormente los condujeran por el camino de la zozobra y la inseguridad. En la mayoría de los casos, optaron por Rodrigo porque prometía reformar la democracia, reconstruir las instituciones, devolver la fe en el Estado, asegurar el futuro y creer que, a pesar de todo, debemos avanzar. Hasta ahora no funcionó, seguimos tratando de comprender por qué y cómo, se decidió enfrentar con tantas limitaciones la administración del poder, es una locura qué dichas limitaciones no sirvieran para comprender que la falencia debe ser más bien un impulso. Debería ser fundamental comprender la desalentadora situación que vivimos y que esto no sea el inicio del retroceso democrático en el país. Los acontecimientos económicos y políticos han generado dudas sobre si vamos en la dirección correcta, la acción gubernamental en favor del país y la democracia sigue siendo una cuenta pendiente y hay que trabajar para construir un país posible. Además, el gobierno tiene la obligación de mostrar nuevas circunstancias, prestando mayor atención a las nuevas realidades, difuminando la frontera entre lo legal, lo legitimo, lo urgente y lo necesario. La elección del presidente Paz fue para cambiar el mal desempeño socioeconómico de los últimos años, son tres indicadores económicos clave, desigualdad, pobreza y crecimiento que se debieron priorizar. Nadie lo ha notado.
Sin embargo, es importante ser cautelosos al analizar el futuro del gobierno porque la satisfacción de la ciudadanía está basada en promesas electorales que hasta ahora casi en su totalidad no han sido incumplidas. No es nuevo que casi la mayoría de los líderes manipulan la opinión pública, incluso de diversas maneras ilegítimas, más allá del discurso, ejercen un control sustancial sobre los medios de comunicación para moldear los espacios informativos a su favor. Esto sugiere señalar que el actual deficiente desempeño socioeconómico del gobierno y el descontento ciudadano ante dicho desempeño son los principales impulsores del retroceso democrático. Centrarse sólo en el discurso no es lo mismo que tener habilidad política, es urgente un plan estratégico general y con un apoyo institucional político, debe diseñarse cuidadosamente como reforzar la institucionalidad democrática, hay que evitar programas de gobernanza débiles y corporativos.

Nadie parece notarlo, pero se está contribuyendo inadvertidamente a fortalecer una estructura de poder político desmedida. Mintieron sobre Cerimedo, sobre Boca Ratón (Florida), las listas de EE UU parecen a pedido (se olvidaron de niño ministro, del mismo Evo), no pueden o no quieren actuar contra Evo, no es cuestión de Estado reclamar por el daño a los exportadores de madera, etc., etc., etc. Priorizar este enfoque no significa que los defensores de la democracia debamos abandonar los esfuerzos para ayudar a la propia democracia, a coadyuvar para lograr mejores resultados para los ciudadanos. Los esfuerzos son valiosos en sí mismos si contribuyen a una mejor calidad de vida de todas las personas. Con el tiempo se espera, que puedan ayudar a aliviar las presiones sociopolíticas que podrían incitar a los ciudadanos a correr riesgos con alternativas potencialmente antidemocráticas. No conocemos si el gobierno tiene una estrategia para fortalecer las fuentes y estructuras nacionales de protección prodemocrática, que sirvan para desincentivar a líderes políticamente oportunistas con objetivos antidemocráticos.

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