CONFIANZA PÚBLICA

La virtud cívica es el conjunto de cualidades personales asociadas a un orden civil o político. Se trata de un conjunto compartido de normas de comportamiento y reglas morales básicas que hacen posible el funcionamiento de dicho orden. La virtud cívica promueve la confianza dentro de una sociedad, asegura que la honestidad y la civilidad sean correspondientes a esa sociedad. Esta confianza crea un capital social de vinculación que crea solidaridad y seguridad entre personas que son iguales basadas en una identidad compartida, pero no con aquellos que no comparten esta identidad, puede crear un fuerte sentido de pertenencia, pero no necesariamente fomenta confianza pública. Su virtud es crear un puente que actúa como un pegamento que mantiene unidos a diferentes grupos, rompiendo así barreras y fomentando la confianza entre personas que no son iguales.

La confianza a través del capital social como puente adopta diversas formas: social, legal y política. La confianza social se refiere a la seguridad que tenemos de que nuestros conciudadanos, por lo general, no se aprovecharán de nosotros. La confianza legal se refiere a instituciones como las fuerzas del orden y los tribunales. La confianza política se deposita en los funcionarios gubernamentales, electos y no electos, de quienes se asume que no utilizarán su acceso especial al poder para enriquecerse a sí mismos y a sus amigos, ni para perjudicar a sus enemigos. El politólogo Francis Fukuyama sostiene que la confianza radicada en el capital social, mediante la virtud cívica, hace posible el intercambio voluntario y la gobernanza democrática. Cuando las personas confían en que los demás, incluso desconocidos, sean fundamentalmente honestos y cívicos, se sienten más libres para participar de la sociedad con una confianza razonable. Las investigaciones muestran que cuando los ciudadanos se basan en derechos y las normas sociales fomentan intercambios mutuamente beneficiosos entre desconocidos, la confianza general crece. Además, el buen funcionamiento de las instituciones hace que la corrupción sea menos atractiva hacia una vía de riqueza de dudosa procedencia y se eliminen los intentos de enriquecerse mediante el abuso de cargos públicos.

En un entorno de confianza, el capitalismo también puede fortalecer directamente a la democracia. La forma en que el capitalismo actué, espera que las personas desarrollen sus perspectivas individuales en el mercado, de manera que también beneficie al sistema político. Podría decirse que el eslabón más débil del sistema actual es la virtud cívica. Los académicos argumentan que esto es precisamente lo que ha frenado el progreso de muchas sociedades en todo el mundo. En resumen, la democracia y el capitalismo coexisten en un ecosistema equilibrado, donde la atmósfera necesaria para su florecimiento es la confianza cultivada mediante la virtud cívica. Cuando esa atmósfera se degrada, ni la democracia ni el capitalismo pueden prosperar.

La confianza social cultivada por la virtud cívica es delicada y poco comprendida. Establecer la confianza es difícil; destruirla es más sencillo, y eso es lo que se ha estado haciendo en nuestro país, está claro y sin lugar a dudas que la confianza social, jurídica y política dentro de Bolivia es casi inexistente. Las instituciones que dependen de la confianza social han visto una erosión drástica. El declive de la confianza social, legal y política ha reflejado una pérdida de confianza en el gobierno, gran parte de los bolivianos coinciden en que la corrupción está generalizada. Hay tanta canallada, tanta venalidad y corrupción, tanta avaricia y ambición, tal afán de lucro y comercio entre todos los rangos y grados de la sociedad, que a veces es dudoso de que exista suficiente virtud pública para recuperar el Estado. El colapso de la confianza pública sugiere lógicamente una disminución de la estabilidad, hay mucha evidencia de que la honestidad ha ido disminuyendo y la corrupción aumentando especialmente en el sector público.

Una dimensión que debería estar estrechamente vinculada a la confianza pública es la integridad gubernamental, que elimine el uso de cargos públicos para beneficio privado, castigue el desvío de fondos públicos, el clientelismo y la corrupción en el sector público en general, así como la corrupción dentro de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Es necesario fortalecer el capital social para evitar la pérdida de confianza pública que perjudica la democracia y el capitalismo para todos. Crear puentes implica que las personas experimenten solidaridad con los demás a pesar de sus diferencias. Esto requiere normas de civilidad que erradiquen la cultura del desprecio. ¿Qué explica la caída de la confianza?, la respuesta comienza con el colapso de la educación moral, ha desaparecido la creencia pública en la importancia de la formación moral, el compromiso de las instituciones para proporcionarla simplemente ha desaparecido y se ha hecho todo lo contrario para generar virtud cívica y, por ende, el clima de confianza necesario para el buen funcionamiento de la sociedad y la democracia, se encuentra en su nivel más bajo.

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