
El panorama mundial, nos permite observar que se está desplegando un nuevo orden internacional, periodo de transición, que aún está pensado en función de las necesidades y particularidades de los Estados, donde destaca, a través de la historia, la temática de la seguridad que garantiza la sostenibilidad y existencia de cada uno de los Estados, de allí el conflicto por Groenlandia.
Este orden internacional en transición, establece una seguridad, jerarquía y un “relativo equilibrio de poder” entre las Unidades Políticas y/o Estados, noción muy lejana a la de un Nuevo Orden Mundial, pensado en función de las necesidades de toda la humanidad en su conjunto, sin diferenciación alguna.
El nuevo orden internacional en formación, prioriza una visión enmarcada en el paradigma del realismo político del sistema internacional aplicado desde la paz de Westfalia el año 1648, que tuvo crisis históricas relevantes como las dos Guerras Mundiales del siglo XX, la Guerra Fría y su repentino e inesperado fin, tras el suicidio de la U.R.S.S., el terror del 11-S y otros acontecimientos de carácter global como el Covid-19, la guerra de Rusia contra Ucrania, la guerra de Israel contra el grupo terrorista de Hamas en la Franja de Gaza y la paz lograda por Donald Trump en ese punto geográfico, el fin del régimen Sirio de Bashar al-Assad, los bombardeos de Israel y los Estados Unidos de América a Irán para destrozar su potencial nuclear y la extracción “quirúrgica” del dictador venezolano Nicolas Maduro, entre muchos otros hechos históricos, que moldean profundamente el actual sistema internacional.
Estamos viviendo un periodo de orden internacional en mutación, que pasa de un modelo bipolar a un probable equilibrio de orden multipolar, donde ni en el campo cultural, ni en el económico, existen polos de poder tradicionales superados y otros emergentes, que posibiliten un equilibrio estable de paz, entre por ejemplo, China, Europa, Japón, la India, los Estados Unidos de América, Australia, Brasil y Rusia, entre otros potenciales Estados emergentes, que son epicentros de poder, muy particulares, como Corea del Sur y Polonia, por citar algunos casos representativos.
De allí, que muchos, hablan hoy en día de un mundo multiplex, variante de la visión de la dinámica de la globalización, como proceso histórico de un capitalismo global al que está conectado casi toda la humanidad. En esa perspectiva multipolar, las cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghái, buscaban convergencias alternativas a las políticas de seguridad de la OTAN, para generar contrapesos al mundo occidental, a partir de los intereses, generalmente contrapuestos, de China, India, Rusia, Turquía, Irán y Corea del Norte.
Algunos sostienen, que el periodo de transición internacional, muestra la posible conformación de dos o tres grandes bloques políticos, económicos y militares a escala global, lo que debelaría el posible retorno de una “segunda guerra fría”, esta vez, ampliada a diferentes epicentros como Washington D.C., Bruselas, Berlín, Tokio, Sídney, Moscú, Pekín, Teherán y Pionyang, que conformarían bloques de confrontación global.
Si bien, el riesgo de una tercera guerra mundial, siempre fue latente, la reedición de un conflicto de esta naturaleza, acarrearía más riesgos potenciales y globales, como una carrera armamentista nuclear, de armas químicas y biológicas, el uso militar de la I.A. para fines bélicos y el desarrollo tecnológico militar aeroespacial a través de robots con fines militares, situación que generaría más inestabilidad al sistema internacional, al no depender de dos polos de poder, sino, de múltiples epicentros, que tienen mayores espacios de fricción y confrontación, como Taiwán, Jerusalén, Groenlandia, Crimea y las islas Kuriles, por citar algunos ejemplos representativos, de los muchos espacios geográficos relevantes de tensión y conflicto alrededor del planeta.
En general, en lo militar, es muy prematuro hablar de multipolaridad, no solo porque la mayoría de las armas nucleares, están concentradas en dos polos de poder y por detrás de estos dos polos, China ha activado una carrera por mayor poder nuclear, sino, por el endeble equilibrio de esquemas de seguridad mundial como la OTAN, que ha establecido una clara hegemonía militar a la cabeza de Estados Unidos de América, organización proactiva, respecto de otros bloques emergentes, que aún tienen dificultades internas y conflictos vecinales que no les permiten posicionarse como polos de poder real, no solo Rusia, que enfrenta una guerra hibrida contra Ucrania, guerra en la que ha recurrido a mercenarios y la misma que ha generado fracturas internas en su basta territorialidad, sino, China, que tiene en frente un conflicto latente con Taiwán y otros “menos tensos” con Japón, Filipinas e India, pero también, tiene problemas internos con los musulmanes Uigures de vertiente sunní, recluidos en campos de concentración, no hay que olvidar que el Tíbet fue y es víctima de esa política de represión cultural y que otras etnias y comunidades son parte de una opresión política y guerra cultural del “absolutismo” del Partido Comunista Chino, que viene desde la “Revolución Cultural” del sangriento dictador Mao Zedong.
Para consuelo de los progresistas, que ven una polaridad en el nuevo orden internacional, China, controla alrededor del 70% de la minería de tierras raras del mundo y el 90% del procesamiento de estas, en contraparte, Estados Unidos de América, junto con Venezuela, controla ahora el 68% del petróleo mundial, recurso esencial para desarrollar las economías en un mundo globalizado.
Si bien, se avizora a futuro un orden internacional multipolar, de tres, cuatro o más bloques a futuro (Estados Unidos de América, China, Rusia e India), en una lectura conceptual correcta, este orden aún es insipiente, peor aún nuevo orden mundial, ya que no existen mecanismos globales reales abocados a buscar la resolución de conflictos globales y superar la lógica Westfaliana, que continua tensionando el accionar externo de muchos Estados, con múltiples diferencias fronterizas y culturales, como por ejemplo, las existentes entre India y Pakistán, peor aún, cuando la ONU, transita hacia un colapso financiero y esta “herida de muerte”, tras la decisión del hegemón global, de construir otro mecanismo internacional que promueva la paz en el mundo y organice la solución de controversias entre Estados, rol que ahora, lo cumplirá la “Junta de Paz”.
El discurso multipolar del progresismo internacional de China, Rusia, Brasil y Sud-África, está en contradicción acérrima de aceptar aún una unipolaridad militar de los Estados Unidos de América y sus aliados de la OTAN, pues el mayor temor de los autoritarismos a nivel mundial, era y es, que la fuerza militar este concentrada en su mayoría, en un solo polo de poder, peor aún, si este responde a una visión occidental y tiene una visión global del mundo y no solo globalista, como suele plantear, la óptica del paradigma estructuralista de las relaciones internacionales, que todo lo ve en el marco de la “unidad y lucha de contrarios”, de forma monocromática.
La perspectiva multipolar del progresismo y la cultura Woke, niegan el orden internacional vigente y en transición, no quieren reconocer los datos que el actual presidente de la República Argentina, Javier Milei, sostiene al decir: “Luego de la revolución industrial, el PIB per cápita mundial se multiplicó por más de 15 veces, generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90% de la población mundial. No debemos olvidar nunca que para el año 1800, cerca del 95% de la población mundial vivía en la pobreza más extrema, mientras que ese número cayó al 5% para el año 2020” (Javier Milei en Davos, en enero del año 2024).
En este ultimo año, Estados Unidos de América, está con un inusual dinamismo de reconfigurando del orden del tablero internacional, en función de un pragmatismo estratégico interdependiente, un híper realismo convergente con una visión de la globalización renovada, que no está exenta de peligros, como los que manifiesto el ministro de Relaciones Exteriores Ruso, Sergei Lavrov, al sostener que los riesgos de una Tercera Guerra Mundial son claros y no se limitarían a Europa.
