ENTREVISTA A DENNIS LEMA ANDRADE

COCHABAMBA: CREATIVIDAD DESDE EL CAOS

Dennis Lema Andrade nació en Cochabamba en 1986. Es arquitecto de profesión y escribe artículos para la prensa nacional.

1. Más allá de la queja general contra la política, ¿cuál es el diagnóstico de fondo que haces de la Cochabamba de hoy?

Siguiendo la (mala) costumbre nacional, nuestras ciudades han sido secuestradas por políticos ajenos al desarrollo urbano del siglo XXI, que improvisan y se benefician de un desorden que ellos contribuyen en generar. Cochabamba, en particular, está estancada en paradigmas obsoletos de los 90, donde el hormigón armado y el automóvil aplastan cualquier visión de sostenibilidad que prioriza al ciudadano y al medio ambiente.
Para dar el salto al 2026, la clave no está en contar con un presupuesto abultado, sino en imponer la imaginación, el sentido común, la ética, y trabajar con un equipo técnico sólido, capaz de analizar cada distrito para dinamizar los espacios existentes y reciclar aquellos que están en desuso, logrando distritos creativos donde la economía camine de la mano de la cultura y la identidad.
Es fundamental comprender que una ciudad es esencialmente caótica, y que su organización debe realizarse y transformarse dentro del caos. Aunque suene tentador, no podemos derrumbarla y construirla de nuevo.

2. Dices que hay que conectar economía con identidad. Para eso, ¿qué lugar concreto en la ciudad te parece el más simbólico y cómo lo reinventarías?

El mejor ejemplo son nuestros mercados. Son un espacio de encuentro entre campo y ciudad. Allí hay comida, sí, pero también sabiduría popular. Hablar con un vendedor en La Cancha o en un mercado de barrio es abrir una puerta a relatos vivos que no aparecen en guías turísticas. Entonces, ¿por qué no propiciar que los mercados sean también centros culturales? Crear circuitos donde el productor sea el proveedor directo, y fusionar los puestos de venta con una plaza de comidas y de encuentro. Imaginate poder señalar los alimentos de tu agrado, que los cocinen delante de ti, sentarte a comer ahí mismo, ir al puesto de al lado y tomar un café de origen preparado por un barista local, comer un postre, etc… La Alcaldía puede intervenir con mobiliario urbano, iluminación adecuada y parqueos de bicicletas para crear un entorno donde la gente no sólo vaya a comprar, sino a socializar, a pasar un buen momento. Se puede transformar los mercados para que sean un atractivo auténtico tanto para el cochabambino como para el turista.

3. ¿A qué te refieres con reciclar espacios?

Siguiendo el modelo de los “Centros Felicidad” de Bogotá, podemos identificar equipamientos municipales subutilizados y transformarlos en verdaderos polos de cohesión social. Espacios con una oferta recreativa y cultural diversa e inclusiva, sin distinción de capacidad económica, edad o género. Es posible remodelar esos centros bajo un concepto de polifuncionalidad y eficiencia. Que un mismo lugar concentre espacios deportivos, culturales, ambientes con wifi para trabajar, biblioteca, cafetería comunitaria, etc. Se trata de devolverle la inversión pública a la gente, de crear puntos de encuentro donde la comunidad se fortalezca. Repito: no se trata de construir desde cero con grandes presupuestos, sino de reinventar con inteligencia lo que ya tenemos.

4. Uno de los problemas más visibles y crónicos en Cochabamba es la basura. ¿Cómo podría solucionarse?

Hay que dejar de ver la basura como un problema y empezar a gestionarla como una fuente de empleo y riqueza. La clave es elaborar un programa serio y gradual de separación de residuos desde las casas, respaldado por una gran campaña educativa permanente y, también, por mecanismos de multas progresivas para quien no se sume a este esfuerzo colectivo. Lo orgánico, que es más del 60% de nuestra basura, debe convertirse en compost de calidad para comercializar. Paralelamente, con incentivos tributarios, podemos fomentar una industria local que recicle textiles, llantas y plásticos. Esto no es ciencia ficción: es economía circular.

5. La inseguridad y la falta de vida nocturna son quejas constantes. Tú hablas de dinamizar espacios urbanos. ¿Cómo aplicarías eso específicamente para reactivar la Noche en Cochabamba de manera segura y ordenada?

Para reactivar la noche de manera segura y ordenada, necesitamos que la Alcaldía implemente una verdadera “administración de la noche”. Esto implica medidas concretas: refuncionalizar edificios públicos para actividades culturales y recreativas nocturnas; intervenir en zonas residenciales para transformar calles en peatonales por las noches, permitiendo que las plantas bajas operen como restaurantes o cafés de barrio; organizar paseos nocturnos en bicicleta y extender horarios en cines, museos y bibliotecas para crear espacios de encuentro seguros. En transporte, se puede regular horarios e incentivar empresas de transporte compartido o bajo demanda, lo que también genera empleo.
Para evitar el descontrol, se debe crear el cargo técnico y apolítico de “Zar de la Noche” (o un nombre más interesante), una figura que estudie los fenómenos sociales, determine la viabilidad de las actividades y actúe como intermediario neutral entre comercios, vecinos y la institución. No se trata de dejar que la noche se regule sola, sino de gestionarla con visión.

6. Tú has sido muy crítico con iniciativas como el «Día del Peatón». ¿Cuál es tu postura y qué alternativa propones?

El “Día del Peatón” es sólo una ficción cívica. Tres domingos al año, Cochabamba se disfraza de sostenibilidad: calles sin autos, familias en bicicleta y caminantes con sonrisa de postal, montan un meloso simulacro de armonía urbana.
Pero, ¿de qué sirven 72 horas de paz peatonal en una urbe donde, los “restantes” 362 días, el transporte público y privado arrolla al peatón como a un fantasma? ¿De qué sirven en un valle donde el aire espeso sabe a incendio y resignación? ¿De qué sirven si la basura no se separa, ni se recicla, ni tiene un destino final que no sea el paisaje urbano?
El “Día del Peatón” no es una política pública, es un acto político. Un barniz verde que los gobernantes nos untan en los ojos para simular acción y evadir su obligación de construir una ciudad sostenible, que cobije, con cariño, al ciudadano los 365 días del año. Es un minuto de silencio —la mayoría ignora en honor a qué o a quién— antes de que se restablezca el reino las bocinas y el smog.

7. Para terminar, una pregunta que parafrasea a Rodrigo Paz: ¿La Alcaldía sirve a los ciudadanos o más bien se sirve de ellos?

En este país estamos desamparados quienes no formamos parte de un partido político, asociación, confederación, sindicato o cualquier otro tipo de organización con capacidad de movilización; aquellos ciudadanos que realizamos nuestras denuncias por la vía formal, que no nos costuramos los labios ni recurrimos al bloqueo, huelga de hambre o a los dinamitazos como método de presión; personas que en lugar de dedicarnos al deporte nacional de la conspiración, optamos por vivir una vida personal y familiar y seguir de cerca el crecimiento de nuestros hijos.
Entretanto, nuestros derechos son constantemente atropellados. Somos víctimas diarias de vecinos maleducados, de un deficiente control de uso de suelo y de bloqueos arbitrarios y mezquinos que no nos dejan vivir en paz. Como estamos sueltos y dispersos y no hacemos bulla ni generamos desorden, las autoridades no sólo nos ignoran, sino que nos castigan reparando el asfalto o el alcantarillado o pintando la señalización de las vías en horas pico, por ejemplo, o con escandalosa pirotecnia en las fiestas patrias o en la efeméride departamental, o con excesiva y extorsiva burocracia, o con funcionarios que nos tratan con la punta del zapato cuando vamos a hacer un trámite o una consulta…
En lugar de maltratarnos y extorsionarnos, las autoridades tienen que ser más solidarias con los ciudadanos, tienen que tratarnos con el cariño, respeto y paciencia que demanda el cargo de servidores públicos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *